lunes, 4 de mayo de 2015

La anorexia y las recaídas


Ahora mismo soy incapaz de recordar la última vez que vomité, ni tampoco el día en el que me hice la remolona con la comida
Años atrás era justo a la inversa, me costaba localizar cuando no había pasado por el baño o la vez que había comido. Era muy difícil.

Recuerdo que en el hospital nos hicieron hacer una agenda de lo que comíamos cada día y de nuestros pasos por el baño. Al principio todo estaba rojo... con el tiempo, rojo y azul se fueron equilibrando y a la larga, la agenda fue mono color. Ver la evolución era muy satisfactorio y a la vez alentador.


Poco a poco, las idas y venidas del baño y los ayunos se convirtieron en algo esporádico. Pasaban alguna vez: eran las famosas recaídas.  Se tornaron en el momento más aterrador del proceso: sabías que habías caído en algo que no debías... habías sucumbido.



Uno de los trabajos más extraordinarios que he visto en los terapeutas es hacerte entender que las recaídas no son el fin del mundo y que precisamente cuando suceden, tienes que volver a reafirmarte y decir no!



Mi primera recaída fue un drama. La excusa perfecta para meterme de nuevo en el hoyo y decir que jamás lo conseguiría. Me había puesto en tratamiento sin estar convencida y cualquier argumento servía para volver a mi zona de confort.

De hecho, me quedé un tiempo ahí... mareando la perdiz y mintiendo al personal.

A nadie le hable de mi recaída. ¿Para qué? si yo me había demostrado a mi misma que podía frenar la anorexia cuando quería!

Así no iba a ninguna parte. Necesitaba comprometerme con el proceso de una vez por todas. Fue entonces cuando conté de nuevo y volví a empezar... pero como me dijo mi psicóloga: 'no lo haces de cero... has caminado mucho ya'.


La recaída duró algo más de un año y me hizo sentir de todas maneras. Al principio, culpable. Después, satisfecha: había vuelto a recuperar el sentido de mi vida. Al final, superada.

Admiro la paciencia de médicos. El empeño que ponen en contarte que las recaídas son posibles, pero no necesarias. Y todavía más el lazo de confianza que logran crear contigo para que les cuentes cada vez que sucede algo.

Mi doctor siempre ha estado al corriente, aunque haya sido una recaída de pensamiento

Hay que ser sincera, lo único que vale. Por tiempo que haya pasado desde que no pasaba. Tener claro que la recaída abate, pero como los accidentes, ni se instala, ni se perpetúa. Siempre sale el sol

Gracias por leerme!

Fuente de la imagen: photorack.net


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