jueves, 19 de mayo de 2016

Convivir con una persona enferma de anorexia, ¿se puede?


En primer lugar, mi total admiración hacia las personas que conviven, han convivido o lo harán con una persona que tiene anorexia. Hombre o mujer, da igual.

Mi admiración y mi más profundo respeto, ya que a estas personas que acompañan en la enfermedad las he visto sufrir y mucho!

Enfrentarse a los efectos secundarios de la anorexia requiere enfundarse en la mejor armadura que uno haya imaginado. Fuerte y firme. Una armadura que a la vez se convertirá en un arma de doble filo, ya que si nadie lo dijo: la anorexia reside en el infierno.

Cuanto más robusta sea, mejor esquivará los tremendos latigazos de la enfermedad... pero también más pesará y abrasará en el abismo 

Las tentaciones de deshacerse de la armadura son inmensas porque las llagas duelen cada día más...

Mientras he sufrido la enfermedad he convivido con tres excelentes personas (además de mi familia y los amigos que siempre me han acompañado). La primera, sin saberlo... la actual, me ha hecho brillar y  vive mi momento más dulce, sensato y maduro... y la segunda,  engulló a manos llenas todo lo que la enfermedad escupía.

Convivir con una persona que sufre anorexia requiere una dosis altísima de entereza y firmeza... algo realmente complicado cuando tu pareja se desdobla en dos, según el momento y la ocasión... y cuando uno tiene la sensación de vivir con dos personas diferentes

Decir las cosas claras siempre y desde un principio, mantenerse, no dejarse engañar (evidenciar el engaño), no entrar en el juego, poner límites... son algunas de las estrategias que más pueden ayudar. 


En mi caso y en los peores episodios, lo que mejor me ha funcionado es que me planten cara, que llamen a las cosas por su nombre y que me dejen claro que no encontraría un cómplice


Y lo creo así porque porque muchas de las compañeras de hospital que tenían parejas condescendientes, han vivido un largo historial de recaídas, engaños, mentiras, líos y patrañas que no han ayudado en nada.


Con todo esto no estoy diciendo que lo mejor sea buscar el enfrentamiento. No. Lo que estoy diciendo es que a la anorexia le puedes hablar de tú a tú... puedes y debes... y cuanto antes, mejor!


... siempre teniendo en cuenta que la enfermedad se enfadará muchísimo y que el próximo ataque será durísimo, aunque cada vez menos.

Es muy complicado convivir con una persona que odia y ama a la vez, que promete y miente a partes iguales, que sonríe y llora al unísono... y  que traza ocultos planes mientras se desnuda

Es por eso que hay que hacer entender que también somos personas, que tenemos momentos débiles, buenos y malos y que la paciencia tiene un límite

Acompañar, SIEMPRE. Siempre y cuando la persona enferma de pasos o intente caminar adelante... sino, seremos partícipes de una enfermedad que busca aliados y colecciona enemigos


Esta manera de actuar la he vivido también en el hospital, donde jamás he encontrado un médico o enfermera condescendiente con la anorexia. Me han escuchado, me han intentado entender y me han abrazado,  pero me han dicho las cosas a la cara. Sabiendo que eso iba a tener consecuencias... incluso diría que buscándolas.


Si está en tratamiento... 

Es positivo estar en contacto con los médicos para saber de primera mano lo que pasa y qué es lo que podemos hacer. 
Acompañarlo en el proceso médico y participar de él... saber cuándo tocan las visitas, ofrecerse para acompañar o hablar tras la visita (no para sacar información)... al enfermo hay que dejarle espacio.

Formar parte del tratamiento pero eso sí, tener claro quién es la persona que se está curando. Esto te ayudará a respetar su tiempo y velocidad... por prisas que tengamos. 

Esté en tratamiento, o no...

Charlar con el personal especializado de asociaciones de trastornos alimentarios... donde existen grupos de apoyo de padres y parejas, puede hacernos sentir comprendidos... y menos solos.  

Tener a su vez una persona a la que le podamos contar por lo que estamos pasando, ayudará a que el proceso sea menos pesado y tortuoso. Recomiendo también consultar a un terapeuta para que nos ayude a sostener la enfermedad y también nos de unas pautas de actuación.

Mi madre, por ejemplo, no sabía prácticamente lo que era esta enfermedad y desde el primer día su mejor aliada fue la doctora de cabecera, a la que acudió como si de un instinto se tratara.

En cualquiera de los casos...

Entender que se trata de una enfermedad y no de un capricho... eso evitará que hagamos juicios de valor a una persona que prácticamente no es capaz de responder de sus actos...

No dejar de hacer cosas por la enfermedad (no aceptar el boicot), distraerse, mantener las aficiones que uno tiene y sobretodo, las amistades... ya que no hay nada que más guste a la anorexia que la soledad. 

No contestar preguntas como: '¿te gusto más cuando estoy gorda o flaca?' o '¿me ves gorda o delgada?', te ayudará a no sentirte culpable de tu respuesta... y ante todo, a no tener la sensación que te estás equivocando.
Son cuestiones en las que mejor no entrar porque aunque parezca mentira, eso también alimenta a la enfermedad.


La anorexia engulle al enfermo y si está muy cerca, corremos el peligro de que la corriente nos arrastre también.

Todo esto no significa que no quieras a la persona con la que convives... al contrario, significa amarla.

Este post lo dedico a todos aquellos que acompañaron o acompañan a una persona con anorexia. Gracias por vuestra incansable dedicación y por vuestra inestimable ayuda.

Gracias por leerme.

Fuente de la imagen: www.openphoto.net

jueves, 12 de mayo de 2016

¿La anorexia es una enfermedad de adolescentes?


Si hacemos caso a los estudios de hace cinco años atrás, no cabe duda ninguna. La respuesta es sí... un sí mayúsculo.
En cambio si nos fijamos en los informes de 2010 hasta el día de hoy, las cifras dibujan un nuevo perfil de persona enferma de anorexia: LA MUJER ADULTA.

De hecho según publica esta misma semana por 'La Opinión', 'cada vez es más común encontrar casos en mujeres entre los 30 y los 60 años de edad'.
Una afirmación que sostienen con estos datos de la Asociación de Anorexia y Bulimia de Barcelona, la tan imprescindible y necesaria ACAB:  

Hace 5 años el grueso de pacientes difícilmente superaba los 25 años. Actualmente el 62% rozan los 30 (28 años para ser justos)

Unas cifras que se redondean con otro dato sobre el que pensar: el 18% de los atendidos tienen más de 30 años.  

¿Qué nos pasa entonces a la generación de los 70 y los 80?... la respuesta puede ser muy extensa y seguro tiene infinitas aristas. No lo sé, lo que sí sé es que nunca he tenido la percepción que se trate de una enfermedad únicamente de adolescentes

Me explico, hasta que una se da cuenta y acepta que está enferma pasan muchos años... probablemente los mismos que tenías cuando empiezas a 'tontear' con la comida.

En mi caso, esto me situó en los 30 años... sin estar preparada todavía para confesarlo. Y como yo, muchas compañeras de camino que con tremenda vergüenza han reconocido a esa edad, e incluso más, que tienen un trastorno alimentario

Para mi gusto, quizás los estudios tuvieran que dar una vuelta de tuerca y no centrarse tanto en la edad a la que 'se empieza', y sí en cambio en los años que dura, perdura y se mantiene el trastorno en cuestión. Es decir, cuándo se consigue terminar con la anorexia y cuánto tiempo se instala en nuestra cabeza y en nuestro cuerpo.

Pienso en todo esto por mi edad: 44 y por las repetidas noticias que relacionan periódicamente a actrices/famosas con la anorexia. 

y creo que es importante no olvidar que la anorexia es lenta, pero segura... sigilosa y casi invisible durante mucho tiempo... incluso años

Abrir un periódico y tropezar con la insinuación que Angelina Jolie o Leticia Ortiz pudieran sufrir anorexia, me hace mirar a mi alrededor y plantearme con cuántos casos invisibles convivo.

Espero que sean los menos, pero el otro el día escuché una noticia en la radio que me hizo pensar: sólo el 3% de las mujeres adultas están satisfechas con su cuerpo

Y me pregunto: ¿qué pasa con el resto de mujeres adultas... cómo lo afrontan? A lo que me respondo: quizás la anorexia no sea sólo una enfermedad de adolescentes. 

Gracias por leerme!

Fuente de la imagen: www.openphoto.net

miércoles, 27 de abril de 2016

¿Qué pasa en el cerebro de una persona con anorexia... y por su cabeza?


Interpretar la anorexia exclusivamente como el extremo deseo de estar delgado, apuntalado por el inconformismo y aliñado con altas dosis de inmadurez, sería un flaco favor a las personas que han sufrido, sufren y sufrirán esta enfermedad.

En nuestra cabeza pasan cosas, y no sólo pensamientos discutibles. En muchas ocasiones nos fallan las conexiones cerebrales y los neurotransmisores no hacen su trabajo

¿Qué pasa entonces en nuestra cabeza?

Este es un artículo que tenía muchas ganas de escribir y que me ha llevado un tiempo para ser prudente al máximo.

Aquí os lo dejo.


Gracias por leerme!

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martes, 5 de abril de 2016

No me gusta mi cuerpo, pero lo acepto

No siempre las circunstancias acompañan y cuando lo hacen, a veces parece que sufra ceguera.
Esta es la impresión que de mí misma tengo cuando me observo y analizo lo que todavía me inquieta... también cuando la anorexia, casi reducida a cenizas, intenta tomar forma y contaminar. 

Aquí os dejo mi último artículo. Escrito de para el blog d la psicóloga Patricia Córdoba para unos lectores que nada saben de mi. 

Espero que lo disfrutéis y gracias por leerme!

domingo, 20 de marzo de 2016

La anorexia en primavera... alarma: empieza el calor!


Cuatro y media de la madrugada del sábado... el momento en el que la primavera ha entrado de nuevo, y por fin, en mi vida. Otro año más! Creo que no hay fenómeno climatológico que espere con más ansia... me encanta!

Pero a la vez me asusta... sé que a partir de ahora empieza un sufrimiento, irracional si queréis, que el resto del año vive alertagado. 

Desde ahora y hasta finales de septiembre, mi cuerpo me preocupa más de lo habitual. Mi aspecto, mis formas y volúmenes... y la lucha está en no dejarme llevar por un pensamiento que puede ser tan arrollador como un tsunami

Es en este momento del año en el que pongo en marcha un trabajo silencioso y constante que empieza por aceptar que llevaré menos ropa... y que ya no me camuflaré en un jersey ancho.

Sigue por conseguir regar mi día a día de color, aparcando el negro... a pesar de que piense que disimula los defectos y estiliza.

Continúa, aceptando que los tejidos de verano son más ligeros y que quizás marquen partes de mi cuerpo que me disgustan, pero que acepto.

Prosigue por hacerme a la idea que es altamente probable que lleve camisetas o camisas y que esto marcará mis pechos más de lo habitual.

Y termina con el logro de ponerme una falda o vestido más veces que el año anterior, e incluso para ir a trabajar. Sería un gran reto que no acabo de conseguir! Mis piernas no escapan a mi propio juicio, así que mostrarlas al resto de personas, me cuesta.

El colofón: enfundarme un biquini sin analizar cada  rincón de mi  cuerpo... 

Sé que según que cosas me costarán un grandioso esfuerzo... porque ponen de manifiesto mis inseguridades y me hacen sentir vulnerable frente a las personas que me rodean... aún así, no tiro la toalla: lo intentaré, lo lucharé y para lo que no consiga, vendrá una nueva primavera.

Y es ahora también cuando me agarro fuerte a los míos y no suelto sus manos, siempre dispuestas a ayudarme.

Gracias por leerme.

fuente de la imagen: www.openphoto.net

domingo, 13 de marzo de 2016

¿Por qué la anorexia me escogió a mi?


Ésta es una de las preguntas que más veces me he repetido a lo largo de la enfermedad y el proceso de recuperación. El ¿por qué yo?...me ha mantenido en vela muchísimas noches y durante tiempo fue la única pregunta que me atreví a hacer. Quizás porque no estaba preparada para responder  un ¿hasta cuando?, ¿cuándo diré la verdad? o ¿qué me está pasando?.

Podía haber sido otra enfermedad, o directamente ninguna, pero el destino ha querido que mastique la palabra anorexia hasta destrozarla... primero, a tímidos bocados. Luego, con la fuerza de un titán... y al final, ya casi sin energía pero con el sabor en los labios de una recompensa inexplicable.

Os dejo con un artículo en el que intento responder precisamente esto, ¿por qué la anorexia me eligió a mi?.
Quede claro que en ningún momento insinúo que las cosas pasan porque sí. Os cuento el perfil tipo de paciente y las circunstancias más favorables para una enfermedad como la anorexia.

Lo he escrito para psicocode y quizás os sirva para poner un poquito más las cosas en su lugar... sin prisas, pero eso sí, con paso firme.

Espero que lo disfruteis.

Gracias por leerme.




sábado, 5 de marzo de 2016

¿Qué nos puede hacer sospechar que alguien de nuestro entorno sufre anorexia?

Me gustaría saber cuál hubiera sido mi reacción de adolescente, si alguien de mi entorno se hubiera percatado que estaba cayendo en las redes de la anorexia.


¿Me hubiera dejado ayudar en ese momento? Quizás sí... o quizás la enfermedad ya había tejido un pensamiento tan peligroso como invasivo. No lo sé

Tener personas cerca cuando pasas por un trastorno alimentario es un arma de doble filo. Tanto para ellas, como para nosotros (los ingobernables enfermos). 

Por un lado si hablan, los tratamos de chivos expiatorios.  Y si no lo hacen, la enfermedad nos convence de que no nos quieren

Por otro, ellos tienen tanto miedo de hablar como de no hacerlo...miedo a perdernos tienen.

Esta mañana os dejo con el artículo de una mujer que también ha pasado por un trastorno alimentario y que ahora es terapeuta y ayuda a personas que se dejan ayudar.

Os la presento... 

Tina Benet, especialista en terapias alternativas y energéticas, con más de diez años trabajando en la salud mental y discapacidad en adultos.









Y éste, su artículo...

¿Qué nos puede hacer sospechar que alguien de nuestro entorno sufre anorexia?

Desde mi papel como terapeuta alternativa y ex paciente, cada vez me encuentro con más personas que piden asesoramiento, preocupadas por saber cómo identificar un caso de anorexia y/o bulimia en la gente que les rodea, cómo acercarse a esa persona y en consecuencia, poder ayudarla.

Cabe decir ante todo, que un trastorno de la conducta alimentaria se considera una enfermedad mental, por la cual cosa se tiene que tratar como tal, sin caer en culpabilizar a las personas que lo sufren, sus familiares o incluso la sociedad, es decir, todo esto son factores que acompañan a la persona a entrar en este infierno, pero la raíz del problema, es meramente emocional.

Cuando una persona llega el punto de control absoluto o descontrol con la comida, nos está avisando que algo no va bien en ella, que hay un sufrimiento psicológico en el que le están pasando una serie de cosas que no sabe manejar, como no saber resolver los conflictos, las cosas que se le van presentando en su día a día por inseguridades, miedos... las cuales se van acumulando creándole angustia, y esa angustia es la que hace que la persona busque un síntoma como seria esta mala relación con la comida.

Por lo tanto, no sirve que a una persona que padece un TCA se le vaya de frente en el tema de la comida, si come poco o mucho, ha bajado mucho de peso... porque lo único que conseguiremos es un rechazo, por lo que debemos intentar ir un poco más allá e intentar entender lo que le está pasando o al menos que vea nuestra preocupación, que vemos que algo le debe estar pasando.

El principal punto de entrada a un trastorno alimentario es la dieta

Una dieta sin control médico puede hacer que una persona empiece a bajar de peso, y si esa bajada de peso la persona la está haciendo por un motivo estético, porque no se gusta y piensa que la valoración de el/ella mismo se verá reflejada en esa bajada, eso puede provocar que se le pueda ir escapando de las manos.

Por lo tanto, uno de los signos que podemos observar es que la persona empieza a controlar en exceso lo que come, las calorías, prohibición de una serie de alimentos, y empieza a cambiar tanto en las cantidades de comida, cómo en el tipo de alimentos y sus hábitos.

Ese control, nos lleva a ver que hay una bajada importante de peso, poco a poco, pero en algunos casos significativa y a medida que baja de peso, una persona que lo hace por motivos estéticos, etc...cada vez se obsesiona más y quiere bajar más. Nunca llega a sentirse bien con el peso, ya que hay un trasfondo psicológico, que es lo que hace que la persona no se sienta bien.

En el caso de las chicas, con esta bajada de peso, el cuerpo nos avisa que algo no va bien con la perdida de la menstruación, cambios de humor,  están más irritables concretamente con todo lo que tiene que ver con la comida, las cantidades, discusiones a la hora de comer en casa, así como el aislamiento de familiares y amigos. En algunos casos puede haber hiperactividad (moverse cuando se está sentado, levantarse constantemente de la mesa o comer de pie) para bajar todavía más de peso.

Si creemos que el problema ya está en casa, sería recomendable tener más información, como saber si después de las comidas va al baño o vomita

Hablar con el colegio o amigos... para confirmar si las comidas que no está haciendo en casa las está haciendo o no, y finalmente recurrir a un profesional especializado para poder tratar el núcleo del problema.

Webs de interés (Madrid y Barcelona):



Gracias por leernos!